Agarré tu pezón y lo torcí diciéndote que me pidieras perdón y que me besarás los pies. Tu marcabas tus límites y mi barra de "me cae bien" iba disminuyendo como en un videojuego de peleas o un tamagochi. Después esperé a que contaras un mal chiste, estaba atento a todo lo que decías para darte un golpe. Llegó el momento y nuestra distancia aumentó 5 centímetros.
Y así fue como se me hizo una costumbre insultarte, por que no encontraba otra manera de decir quiero tocarte o besarte. No se me da ser cursi y eso es lo que quieres. Sólo sigo pensando que todo mundo piensa lo mismo que yo y que el amor se demuestra de un ring de lucha libre.
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