Su cabello largo de metalero cubría gran parte de su cara mientras caminaba. Era catorce de febrero pero parecía mas un día de luto, un día de cruda. Cada que pasaba por un charco se veía su rostro que se encontraba tan neutro. Las ratas que viven en esa zona de edificios pasaban junto a él porque no le tenían miedo. Hasta que pisó a una.
Una composición entre viento con tierra, gotas que caen lento, su bota raspando el piso y el sonido agudo de una plaga. Pero él cree que el dolor/vacío que siente en el pecho es más fuerte que el sufrimiento del pobre animal. Mueren mas roedores al día en el mundo que humanos.
Es cuando descubre que la comparación rata-humano es tonta. Pero a la vez cierta.
Le cuesta respirar. El vació se expande.
y se queda ahí, parado...
Vomita.