jueves, 9 de mayo de 2013

Mi madre muere cada 10 de Mayo.

Hoy muere mi madre  como todos los días  de la madre y le esculpo su tumba, una pequeña que no sea tan llamativa pero que no se quede en simples formas. Le rezo, aunque no con el alma, sólo lo hago para que vea que hoy por le menos le doy un gusto, al decir las oraciones. Escupo en las flores blancas que están sobre su tumba y ver como escurren hacen que el momento sea más trágico. Las flores le lloran pero yo no.
Estoy ahí, sentando, pensando en cosas ajenas al momento, o por lo menos creo que así pasa, sólo evado pensar en la que me crió.
No me gusta llorarle de lástima a la que me hizo llorar por estrés, pero no se por que no me atreví a dejarla sola, que ha pesar de ser sólo huesos, no dejan que me vaya de ahí. Hasta se me olvida el miedo que le tengo a los panteones. 
Veo que las personas que al parecen fueron más queridas, a pesar de venir de familias pobres, tienen una tumba enorme, muy cuidada y pareciera que el punto es que la gente que visita el panteón se enterara que ahí murió una persona querida. Amaban tanto a esa persona que se le agradeció con una gran tumba... No se cómo tomar eso.
Solo te dejo esta última  y única lágrima, para asegurarme de que no crezca musgo sobre tu lápida, para un descanses en tierra y no en pasto.
Para qué no te enredes en raíces al intentar salir para venir a regañarme y decirme: no está limpió tu cuarto.

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