viernes, 20 de noviembre de 2015
Llevo todo tu silencio pensando en ti.
Me rasuré las piernas para ir a un concierto punk. En el baño había una toalla, un rastrillo nuevo, jabón y una botella de tequila. Yo estaba sentado en el piso sintiendo un frío tremendo en mi culo tratando de que lo que tomaba no fuese hacia mis piernas. Estaba pensando en el fracaso y en lo mal que me hizo sentir. Me las rasuré mal; me quedaron algunos pelos por ahí que me picaban. Me haces falta. Pensaba mientras limpiaba la sangre. Me fui en shorts al concierto pero sólo había seis personas y mis amigos. Les dije: me rasuré las piernas para que mi tatuaje se vea mejor y poder gustarle a un punk para que me de golpes en la cara. Bailamos solos. Inhalamos coca. Pero no lo pude olvidar.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Mis XV.
Las cartas decían que estaba loco por muchas razones: por estar enamorado, por odiar los cambios y porque pienso y siento de una forma muy exagerada. En pocas palabras por comportare como una quinceañera. "Ratita quinceañera".
El señor que me cogí hoy era de Catemaco, un lugar de Veracruz ya muy popular gracias a la revista Vice, en donde su principal mercado es la brujería. Quería que me lo cogiera sin condón a pesar de que en su perfil de gridr decía: Top (flecha apuntando al cielo). Y por alguna razón le quise contar sobre todo esto; de las cartas y de mi amor. Quería contarle a alguien cómo me sentía. Su departamento estaba completamente vacío, sólo una colcha amarilla y su mochila. Y papel en el baño, claro. Él respondió a mi historia contándome su vida y me dijo que eramos muy parecidos. Yo sólo pensaba que la gente de Veracruz tiene cara de niño. No me violó... esperó a que le contara mi triste historia.
Hoy todo el día estuve perdido, no podía llegar ni a el restaurante que siempre voy. Después de leerme las cartas, mi amigo que no es de Catemaco pero que también hace cosas místicas, me dio de su mota para que le relajara. A él también le quería contar pero me daba miedo porque él fue quien me puso el apodo de "ratita quinceañera". La primer carta fue el enamorado.
Daniel me habló sobre la soledad y me confesó de las cosas de quinceañera que él hace cuando se siente solo. Le dije que si yo fuese mujer tendría un hijo, pero como no puedo compraría perros. Luego salió la carta del juicio y fue la única carta que apareció en una posición correcta y no de cabeza. "Tienes miedo a estar solo". Sí, por eso compro perros. Pensé. Después pensé en Daniel.
Llegué a mi casa en drogas mirando a ninguna parte y no sé por qué presentí que tendría un mensaje del señor de Catemaco pero no. Llegué sintiéndome una quinceañera de verdad que cree en cosas mágicas y que piensa que tiene el corazón roto o alguna estupidez así. Pero en verdad me sentía mal. Eso de los perros era mentira, abracé a los míos y seguía sintiéndome solo. Puse pokemón en el tele para no escuchar nada del mundo y me hice bolita en el sofá. Entonces bailé ahí mi vals. Llorando, como si el tío borracho hubiese arruinado mi fiesta.
El señor que me cogí hoy era de Catemaco, un lugar de Veracruz ya muy popular gracias a la revista Vice, en donde su principal mercado es la brujería. Quería que me lo cogiera sin condón a pesar de que en su perfil de gridr decía: Top (flecha apuntando al cielo). Y por alguna razón le quise contar sobre todo esto; de las cartas y de mi amor. Quería contarle a alguien cómo me sentía. Su departamento estaba completamente vacío, sólo una colcha amarilla y su mochila. Y papel en el baño, claro. Él respondió a mi historia contándome su vida y me dijo que eramos muy parecidos. Yo sólo pensaba que la gente de Veracruz tiene cara de niño. No me violó... esperó a que le contara mi triste historia.
Hoy todo el día estuve perdido, no podía llegar ni a el restaurante que siempre voy. Después de leerme las cartas, mi amigo que no es de Catemaco pero que también hace cosas místicas, me dio de su mota para que le relajara. A él también le quería contar pero me daba miedo porque él fue quien me puso el apodo de "ratita quinceañera". La primer carta fue el enamorado.
Daniel me habló sobre la soledad y me confesó de las cosas de quinceañera que él hace cuando se siente solo. Le dije que si yo fuese mujer tendría un hijo, pero como no puedo compraría perros. Luego salió la carta del juicio y fue la única carta que apareció en una posición correcta y no de cabeza. "Tienes miedo a estar solo". Sí, por eso compro perros. Pensé. Después pensé en Daniel.
Llegué a mi casa en drogas mirando a ninguna parte y no sé por qué presentí que tendría un mensaje del señor de Catemaco pero no. Llegué sintiéndome una quinceañera de verdad que cree en cosas mágicas y que piensa que tiene el corazón roto o alguna estupidez así. Pero en verdad me sentía mal. Eso de los perros era mentira, abracé a los míos y seguía sintiéndome solo. Puse pokemón en el tele para no escuchar nada del mundo y me hice bolita en el sofá. Entonces bailé ahí mi vals. Llorando, como si el tío borracho hubiese arruinado mi fiesta.
lunes, 2 de noviembre de 2015
A veces creo que te veo.
Mi padre es un gran investigador de la universidad más importante de Guadalajara. Él desde pequeño me daba una gran cantidad de libros para leer y se preocupaba mucho por mi desarrollo. Siempre estaba junto a mí y podía contarle todas las cosas que me pasaban; cuando mi novio me hacía alguna jugada sucia, cuando tenía problemas con alguna tarea o con algún maestro. A pesar de que no me decía campeón como lo hacen los otros papás de mis compañeros el me demostraba su cariño con toda esa atención a lo que realmente soy yo.
Mi hermano y yo tocábamos en un pequeño grupo de jazz. Sólo por gusto pero a veces lo hacíamos en fiestas. Él toca la batería y yo me encargo de los arreglos con teclados y algunos otros programas de computadora. Admiramos a badbadnotgood e ibamos a conciertos juntos. Él ahora vive con su novia por Chapultepec en un sexto piso. Nos juntábamos algunas noches para tocar y pasar un buen rato fumando mota y tomando alcohol.
Mi hermana ahora está en un viaje de intercambio en Madrid, su interés por la educación especial le ha hecho viajar mucho y a pesar de que no hablamos tanto, sé que se la está pasando bien; mi madre me lo cuenta cada que hablamos por skype. Nos gusta hacer llamadas largas con mi abuelo porque siempre me cuenta historias que no sé por qué no me cansan.
Hoy me siento triste, tengo tiempo que no veo a mi familia porque mi trabajo me impide viajar distancias tan largas. Mi novio intenta consentirme con cervezas y comida mexicana pero yo sigo estando como ausente, viendo la ciudad desde mi ventana. Planeo todo lo que les voy a contar ya que esté en casa con ellos. Pienso a donde podré ir con mis amigos el sábado por la noche y muero por saber de qué forma han cambiado, cómo son ahora. El metro de Berlín suele ser muy caótico y me hace pensar tonterías entre la felicidad y la melancolía. Y pienso en la vida que nunca tuve.
Encuentro una fiesta donde sólo ponen música de aphex twin, tomo dos pastillas azules y degusto su desagradable sabor. Escucho ciento sesenta beats por minuto y poco a poco algo explota. Grito, brinco y todo se me olvida. El puto teatro, las putas distancias, a los putos que hacen mi vida puta y al puto destino que parió putos sensibles como yo. Le pago bebidas a todo chico que me gusta y decido coger con el más violento.
Llego a mi casa al amanecer y él está esperando en la cama. Pregunta si todo está bien y me da un abrazo mientras me cuenta de la persona con la que se acostó esa noche. Me burlo de él un rato para hacer ligero el momento; me duermo. Despierto y veo un paquete con cosas que mi familia me manda desde Guadalajara: Un par de libros de Fabre y otros autores cool, unos billetes mexicanos, y una carta en la que me cuenta de la vida que ellos siempre quisieron tener pero no tienen. Y la carta finaliza con un te queremos a pesar de tus tonterías.
Entonces me siento feliz...
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