Me senté, fumé, más a fuerzas que nada porque era la necesidad de estar haciendo algo.
Pensé que todo lo que quiero me odia, o solamente me tiene como adorno. Esta ahí para cuando vengan visitas. Luego me acosté en la cama de mi padre, y no fume, vi televisión, para olvidar lo que pensé y tome leche. Me despeje, entonces undi la galleta en la leche hasta que se desbarató, sin poder rescatarla, metí la mano al vaso y entonces al sacarla escurría agua blancosa. Me exité. Me masturbé, comparé la blancosidad y volví a pensar, pensé: la leche sabe mejor que yo. Fui al patio e inhalé algo más blanco y más brillozo que mi semen. Brinqué, di vueltas y enseñe los dientes a nadie, sudé. Probé el sudor y era más salado que la cocaína. Salté del balcón, sangré y por última vez pensé...
No hay comentarios:
Publicar un comentario