Tengo un nuevo sueño recurrente en el que termino gritando. En todos esos sueños siempre hay alguien que se ríe del grito o me ve con cara de extrañeza. Las razones por las que lo hago siempre son distintas: muchas veces por ver a un fantasma, por sentir que me cago encima, por un amor o cosas así. Y pienso que quizá ese sueño me dice que deje de ser tan tonto o me hace sentir que mis problemas no tienen valor. No sé.
Supongo que a todos nos pasa pero en mis sueños siento que a veces soy yo el que está viendo todo, como en primera persona, pero siempre termino viéndome a la distancia, como en tercera persona. Cuando el sueño está en su planteamiento soy yo, cuando yo estoy en ridículo me veo a lo lejos. Parece que me gusta verme en vergüenza pero nunca entenderé los malditos sueños.
Fuera de todas esas explicaciones oníricas, sí tengo muchas ganas de gritar; siento que si lo hago mi presente se alejará con el sonido de mi voz y me hará llegar otro presente. Así, mágicamente, estúpidamente.
Hace poco desperté muy borracho y revisé mi celular, como cada mañana, y vi un mensaje simple de una invitación a una fiesta y lo primero que hice fue gritar, gritar, pararme de la cama de un solo brinco y gritar más. Comencé a golpear puertas, a romper cosas y me tiraba al suelo y golpeaba el suelo. Como loquito de película gringa. Mis golpes no eran de odio, eran (perdón que suene cursi) como golpes de amor. Nunca me sangraron los nudillos ni nada, pero pese a eso sentí que no grité lo suficiente ya que mi garganta se sentía normal. Puta normalidad. Pero ese era un mensaje que nunca creí recibir. Fue un mensaje que paró el tiempo como en un pequeño infarto, en el que mientras todo estaba inmóvil, había una voz que me gritaba: todo cambiará, no seas marica... y en una cuenta regresiva: tres, dos, uno... todo lo que me rodeaba se fue a besar al piso.
Tengo ganas de desaparecer, y no lo digo en forma triste, lo digo para aparecer detrás de ti y golpearte en la espalda. Ver como ahora eres tú quien besa el piso y poder imaginarme una cámara lenta, ese pequeño infarto en el que no puedes hacer nada, y que escuches como tus dientes se van despegando de ti. Escuchar algo de dubstep, ¿por qué no? e irme feliz. Como perrito recién paseado. Luego parar y gritarte: ¡déjame soñar en paz! haciendo un énfasis en la "a" de "paz", para que suene largo, agudo y lastime mi garganta mientras cierro los ojos para no darme cuenta de esas miradas ajenas y alertas. Y volver a desaparecer.
Sé que esto es otro sueño más, sé que no pasará. No me hace sentir mejor imaginarlo pero es sólo la muestra de lo que pasa por mi mente cuando despierto rápidamente por soñar con gritos. Pienso muchas cosas. Luego acaricio a cachito para tranquilizarme y cuando por fin entiendo que dejé de soñar, me doy cuenta de que ya se me hizo tarde para todo. Maldigo al día y a mi presente, de nuevo.
Y lloro en silencio. De nuevo.
viernes, 30 de septiembre de 2016
martes, 13 de septiembre de 2016
Le dije que todas mis palabras serían para él.
Yo escupo caras, escupo con los ojos,
con la mente y con las manos.
Soy el mal gusto andando,
que hiede a saliva con rastros
de todo lo fumable, saliva etílica.
Los perros corren, no me olfatean.
Escupo a mi cama, escupo al cielo.
Acto de gravedad.
Ser desagradable y sentirme bien
porque lo dije todo; lo bueno, lo malo.
Las opiniones que no opinan, que sólo
estorban.
Y secarme, secarme.
Y esperar nuevos gritos, que con
pequeñas gotas de saliva me hidraten.
Me den ideas y así,
volver a escupir.
Me encantas, che. Me matas.
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