Los
perros siempre están en las casas de mi familia, no existe olor a
limpio; sus mierdecitas por todas partes, pero siempre perros. En la
casa de mi tío, hermano de mi mamá: perros; en sus oficinas:
perros; y en la casa del mar: perros. La casa del mar que está
ubicada en un callejón de un pueblo en medio de la nada y que visito
desde que era pequeño.
Una
vez, a los once años, había perritos bebés de una perra de mi
abuela, a uno, el ultimo en venderse, le decían vampiro por que era
cruzado, además de negro y con pelos tiesos. Jugaba con él a
aventarle una pelota de un lado del callejón al otro.
Un día
llegaron unos vecinos que eran muchachos de 23 años y que les
gustaba ir al gimnasio, tener carros caros y coger entre ellos. Esto
último lo descubrí por que mientras jugaba con el perrito pasé por
su casa y tenían la puerta abierta y se alcanzaba a ver su baño. Vi
un chico de pelo chino y de músculos marcados bañándose, tenía
jabón en la cara así que el no podía verme, me quedé congelado un
rato admirando esa escena: Un callejón, una puerta abierta que daba
a una regadera de un baño verde -el verde que menos me gusta de
todas las tonalidades de verde- y el perro, el perro que nunca falta.
Fue tanto el impacto que no me podía mover y entonces él terminó
de enjuagarse la cara y descubrió que lo estaba espiando. Lo primero
que hice fue correr, entrar a mi casa, abrazar al perro vampiro e
intentar que con respiraciones lentas mi corazón dejara de palpitar
tan rápido. No me dí cuenta de la mierda que había pisado.
Desde
ese momento el juego del perro y la pelota en el callejón se volvió
mi juego favorito y los vecinos se dieron cuenta. Cada que aventaba
la pelota uno de ellos se ponía desnudo en la puerta para que yo los
viera. Se tocaban entre ellos en forma de juego. Ellos se divertían,
yo me emocionaba y el perro se encariñaba cada vez mas conmigo. Ese
había sido el mejor viaje a la casa de la playa en mucho tiempo y
por las noches quería salirme de la casa, meterme a la de ellos y no
saber nada de mí. No dormía por pensar en la cantidad de cosas que
podrían pasar si me metía a la casa, pero el miedo siempre ganaba.
Un día me senté afuera de su casa para acariciar al perro vampiro y
uno de ellos me vio y me habló, intenté hacer una voz muy masculina
y "cool" para que no pensarán que era un niño tonto y me
dijeron que tenían hambre y no tenían dinero, que si les daba algo
de comer .Corrí a mi casa y encontré unas salchichas en el
refrigerador, las tomé y corrí a su casa, abrieron la puerta y vi
al chino musculoso con un traje de baño verde y con el pene de
fuera. Su vello púbico era café y rizado al igual que su cabello.
Cuando le entregué las salchichas me tomó la mano y la acarició.
Entonces entré a su casa.
Ese mismo día pero mas tarde, ellos se regresaron a sus casas y un señor decidió comprarle el perro vampiro a mi abuela. Tuve 2 perdidas importantes en mi vida y una lección muy bien aprendida: Si esto es una violación, quiero que ocurra mas seguido.