Hace poco estaba triste en mi cuarto porque últimamente me gusta sentirme así, me gusta pensar que el mundo conspira contra mí y que no voy a tener un buen futuro. Esto me pasa muy seguido y cuando no encuentro una solución a todo lo que me pasa repito en mi mente: me quiero morir. Esto es algo muy común, lo repito varias veces al día pero no es más que un berrinche gay.
Gracias a mi problema más reciente- que considero que es crecer- esta frase se hace más común en mi presente. Pero un día estaba algo drogado y la frase apareció de nuevo en mi miente; sentí que esa vez sí iba enserio, sentí que sí moriría de verdad. Y me asusté mucho, me arrepentí. Así que decidí borrar ese sentimiento, o por lo menos intentarlo. Pero claro que no pude.
Pocos días después mi cotidiano empezó a ser perfecto. Quizá la cagaba en algunos aspectos, como siempre, pero parecía que todo lo que quería que pasara, pasaba. Los días eran nublados, comía lo que quería, me sentía bien en mi trabajo, tenía dinero, veía a mis amigos entre más cosas buenas.
Una vez me contaron que en Tailandia hay una creencia sobre la gente que tarda mucho en darse cuenta que ha muerto. Esto se debe a que el dolor es mental ...y a ciertos delirios. Esa persona, al morir, niega toda posibilidad de estarlo, borra de su mente el recuerdo de su muerte y no es hasta cuando siente que la gente no le hace caso o todo es extraño que comienza a preguntarse si es un fantasma, entonces se pellizca y al sentir dolor (dado a que el dolor es una creación del subconsciente) anulan, de nuevo, toda posibilidad de estar muerto. Y así hasta que poco a poco va aceptándolo, pasando sus últimos días, meses o años siendo un fantasma que delira y hace de su realidad una fantasía.
Me pregunté si eso me pasaba a mí, si quizá ya había muerto, así que me puse a pensar en todas mis posibilidades de muerte. Y por ahora la que considero que podría ser mi verdadera muerte es la vez de mi última fiesta. Una fiesta larga en la que pasaba de una lugar a otro, en la que todo mundo me daba cerveza y transporte, en la que me encontré con gente importante por alguna extraña razón y en la que amanecí en casa de una persona con la que pensé que nunca me acostaría.
Sólo recuerdo que me desperté y estaba nublado, como todos los últimos días. Me despertó la alarma del chico con el que dormí. Tuve que apagar la alarma porque el chico nunca se paró a hacerlo. Dormí otro rato, me sentía algo ebrio aún, y volví a despertar, y seguía nublado. Él seguía dormido. Busqué mi ropa por todo el cuarto, hice mucho ruido porque no la encontraba y aún así él no se despertaba. Y yo no quise hacerlo, recuerdo que toda la noche fue muy amable conmigo y no quise despertarlo. Recuerdo que manejó muy ebrio y nos besamos en el camino. Se veía profundamente dormido... Salí de su casa y llegué a la mía; irónicamente él vive a pocas cuadras de mi casa. Llegué apestando a lubricante con alcohol y no había nadie. De nuevo todo era extrañamente perfecto. Pude dormir todo el día completo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario