miércoles, 11 de noviembre de 2015

Mis XV.

Las cartas decían que estaba loco por muchas razones: por estar enamorado, por odiar los cambios y porque pienso y siento de una forma muy exagerada. En pocas palabras por comportare como una quinceañera. "Ratita quinceañera".

El señor que me cogí hoy era de Catemaco, un lugar de Veracruz ya muy popular gracias a la revista Vice, en donde su principal mercado es la brujería.  Quería que me lo cogiera sin condón a pesar de que en su perfil de gridr decía: Top (flecha apuntando al cielo). Y por alguna razón le quise contar sobre todo esto; de las cartas y de mi amor. Quería contarle a alguien cómo me sentía. Su departamento estaba completamente vacío, sólo una colcha amarilla y su mochila. Y papel en el baño, claro. Él respondió a mi historia contándome su vida y me dijo que eramos muy parecidos. Yo sólo pensaba que la gente de Veracruz tiene cara de niño. No me violó...  esperó a que le contara mi triste historia.

Hoy todo el día estuve perdido, no podía llegar ni a el restaurante que siempre voy. Después de leerme las cartas, mi amigo que no es de Catemaco pero que también hace cosas místicas, me dio de su mota para que le relajara. A él también  le quería contar pero me daba miedo porque él fue quien me puso el apodo de "ratita quinceañera". La primer carta fue el enamorado.

Daniel me habló sobre la soledad y me confesó de las cosas de quinceañera que él hace cuando se siente solo. Le dije que si yo fuese mujer tendría un hijo, pero como no puedo compraría perros. Luego salió la carta del juicio y fue la única carta que apareció en una posición correcta y no de cabeza. "Tienes miedo a estar solo".  Sí, por eso compro perros. Pensé. Después pensé en Daniel.

Llegué a mi casa en drogas mirando a ninguna parte y no sé por qué presentí que tendría un mensaje del señor de Catemaco pero no. Llegué sintiéndome una quinceañera de verdad que cree en cosas mágicas y que piensa que tiene el corazón roto o alguna estupidez así. Pero en verdad me sentía mal. Eso de los perros era mentira, abracé a los míos y seguía sintiéndome solo.  Puse pokemón en el tele para no escuchar nada del mundo y me hice bolita en el sofá. Entonces bailé ahí mi vals. Llorando, como si el tío borracho hubiese arruinado mi fiesta.

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