lunes, 2 de noviembre de 2015
A veces creo que te veo.
Mi padre es un gran investigador de la universidad más importante de Guadalajara. Él desde pequeño me daba una gran cantidad de libros para leer y se preocupaba mucho por mi desarrollo. Siempre estaba junto a mí y podía contarle todas las cosas que me pasaban; cuando mi novio me hacía alguna jugada sucia, cuando tenía problemas con alguna tarea o con algún maestro. A pesar de que no me decía campeón como lo hacen los otros papás de mis compañeros el me demostraba su cariño con toda esa atención a lo que realmente soy yo.
Mi hermano y yo tocábamos en un pequeño grupo de jazz. Sólo por gusto pero a veces lo hacíamos en fiestas. Él toca la batería y yo me encargo de los arreglos con teclados y algunos otros programas de computadora. Admiramos a badbadnotgood e ibamos a conciertos juntos. Él ahora vive con su novia por Chapultepec en un sexto piso. Nos juntábamos algunas noches para tocar y pasar un buen rato fumando mota y tomando alcohol.
Mi hermana ahora está en un viaje de intercambio en Madrid, su interés por la educación especial le ha hecho viajar mucho y a pesar de que no hablamos tanto, sé que se la está pasando bien; mi madre me lo cuenta cada que hablamos por skype. Nos gusta hacer llamadas largas con mi abuelo porque siempre me cuenta historias que no sé por qué no me cansan.
Hoy me siento triste, tengo tiempo que no veo a mi familia porque mi trabajo me impide viajar distancias tan largas. Mi novio intenta consentirme con cervezas y comida mexicana pero yo sigo estando como ausente, viendo la ciudad desde mi ventana. Planeo todo lo que les voy a contar ya que esté en casa con ellos. Pienso a donde podré ir con mis amigos el sábado por la noche y muero por saber de qué forma han cambiado, cómo son ahora. El metro de Berlín suele ser muy caótico y me hace pensar tonterías entre la felicidad y la melancolía. Y pienso en la vida que nunca tuve.
Encuentro una fiesta donde sólo ponen música de aphex twin, tomo dos pastillas azules y degusto su desagradable sabor. Escucho ciento sesenta beats por minuto y poco a poco algo explota. Grito, brinco y todo se me olvida. El puto teatro, las putas distancias, a los putos que hacen mi vida puta y al puto destino que parió putos sensibles como yo. Le pago bebidas a todo chico que me gusta y decido coger con el más violento.
Llego a mi casa al amanecer y él está esperando en la cama. Pregunta si todo está bien y me da un abrazo mientras me cuenta de la persona con la que se acostó esa noche. Me burlo de él un rato para hacer ligero el momento; me duermo. Despierto y veo un paquete con cosas que mi familia me manda desde Guadalajara: Un par de libros de Fabre y otros autores cool, unos billetes mexicanos, y una carta en la que me cuenta de la vida que ellos siempre quisieron tener pero no tienen. Y la carta finaliza con un te queremos a pesar de tus tonterías.
Entonces me siento feliz...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario