martes, 11 de abril de 2017

Pensé en escribir el nombre de alguien pero mejor no.

Últimamente me gusta sentirme olvidado.
Me da por pensar en que querer es algo importante.
En cómo reclamamos sentirnos especiales para alguien.
La forma en la que evalúo los abrazos que he recibido.
La dirección de nuestro rostro durante una charla.
Las palabras que olvido y las palabras que sueño a diario.
Me gusta pensar que algunos gestos de ciertas personas son sólo para mí.
Pero no sé en qué momento decidí pensar en este sentido.
El del viejo purista.
Siguiendo el ejemplo de la película que un día hizo sentirme vulnerable.
Repitiendo las frases de una persona que nunca me hizo el suficiente caso.
Pero que no quiso ser cruel conmigo.
En realidad no sé cómo protegerme de todo esto.
Pienso que la única forma de defenderme es es hacer las cosas aún más feas a como las he hecho antes.
Más obvias.
En sentido contrario a la evolución.
Se me viene a la mente cuando veo una obra de arte mala y la que le sigue es peor.
Y creo que así me gusta.
Quizá sea como decir que hago las cosas mal para hacerme visible.
Ante quien saca cien sobre cien en todas mis evaluaciones por ejemplo.
No es que cada vez me sienta más fuerte, más maduro.
Quizá es porque cada vez me siento más parecido a quien aspiro.
Tristemente.
Mas cerca de eso que creo amar; consciente de mis vínculos.
Y más lejos de un David con su perro en las piernas.

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