miércoles, 25 de enero de 2017
Efectos.
Mi hermano le dijo a toda mi familia que soy un drogadicto así que describiré el efecto de una tacha: una pastilla que me hizo sentir por un largo tiempo una felicidad tan física. Estaba tan feliz que sólo quería bailar, porque no he encontrado otra forma de expresar eso que llamo felicidad. Y no es un pretexto de decir que la felicidad viene por esa pastilla sino que me hace recordar que en otros momentos he sido feliz. Me gusta bailar solo, eso habla de cómo estoy ahora. Y ahora estoy a punto de estrenar una obra y no puedo dormir. Siento que me metí tres de esas pastillas que me separaron de mi hermano, sólo que ahora no tengo un pretexto para moverme como loco. Pero los síntomas son los mismos: mi quijada tensa y contraigo los músculos con tanta fuerza que desconozco mi cuerpo. Pienso tantas cosas que me gustaría besar y abrazar a alguien, pero ahora estoy solo. Solo y pensando fantasías de un porvenir. Quizá no acertadas. Pero me gusta saber que formo parte de una pequeña historia más allá de eso que se conoce como familia; la distancia de mi hermano que ahora me hace sentir algo libre, lejos. Beso a todos mis amores en sueños, beso a desconocidos en las fiestas y todo me encanta. Me gusta decirle a la gente que me encanta cuando la beso, me gusta sentir por un momento que no tengo miedo. Y que soy tan simple... tan simple.. tan simple... que hago que todo lo que me rodea se derrumbe. Y agradezco al caos, que me trata como a un desconocido y me habla incluso con tonos fascistas. Como debe ser. Como todo lo que se ha escrito. Como todo lo que sucede ahora.
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