martes, 13 de septiembre de 2016

Le dije que todas mis palabras serían para él.



Yo escupo caras, escupo con los ojos,
con la mente y con las manos.
Soy el mal gusto andando,
que hiede a saliva con rastros
de todo lo fumable, saliva etílica.
Los perros corren, no me olfatean.
Escupo a mi cama, escupo al cielo.
Acto de gravedad.
Ser desagradable y sentirme bien
porque lo dije todo; lo bueno, lo malo.
Las opiniones que no opinan, que sólo
estorban.
Y secarme, secarme.
Y esperar nuevos gritos, que con
pequeñas gotas de saliva me hidraten.
Me den ideas y así,
volver a escupir.

Me encantas, che. Me matas.

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