martes, 5 de abril de 2016
El chico.
Se rascaba la cabeza, volteaba a todos lados y se rascaba la cabeza. La vez que tuve su cabeza más cerca de mi cara fue cuando me lo cogí por detrás y de pie. Y también cuando dormimos juntos, ahora lo recuerdo. Su cabello tiene olor a cabello genérico de adolescente, pero no apesta, de hecho huele bien. Siempre se rasca la cabeza y al suelo caen sus puntos blancos de polvo por el gel seco porque siempre sale temprano de su casa para trabajar y yo lo veo hasta que estamos en la escuela, mucho después de comer. Se rasca tanto que a mí me dan ganas de rascarme y entonces los dos parecemos chicos de secundaria que se gustan. También changuitos. Decimos puras cosas estúpidas y no nos volteamos a ver a los ojos pero sí nos damos cuenta de que estamos sonriendo. Nos rascamos por última vez, nuestras uñas ya están llenas de polvo blanco, y nos despedimos con un abrazo que parece más un arrimón macho. Me lo quiero coger todo el tiempo. Decirle que lo quiero.
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<3
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