jueves, 11 de julio de 2013

La casa de los orines.

En este lugar solo hay olor a cama con orines, pero no exactamente de niño. Hombres pasan y se me quedan viendo mientras se agarran la verga para ver si se me antoja chuparselas y justamente a mi izquierda a unos 2mts un hombre dándose unos ricos pases de coca, se me antoja pedirle pero creo que me dirá: Primero chupamela. Es oscuro y nadie habla, estoy temblando por nervios deseando que la taquicardia sea por coca pero no, es por que no pasa nada, solo estoy de ñoño escribiendo mientras mil hombres intentan seducirse en silencio....
La mejor parte de todo no son las camas en los pasillos sino el perro que esta afuera de la sala de computadoras llorando por un poco de atención y me queda claro que el perro, mejor amigo del hombre, es nada cuando se tiene un bufete de penes frente a ti. Pero la mayoría son gordos y las ganas de coger ya se me fueron.
Llegué aquí por que mi pene adolescente ardía por un poco de acción, llevaba 5 días seguidos masturbándome y sabia que esto no se podía quedar así (cabe mencionar que el tipo de mi izquierda está por darse otra linea y yo con mis tremendas ganas de pedirle) llegar al punto de eyacular solo 3 gotas es un acto de vergüenza. Le marque a mi mejor amigo para que viniera, ahora veo por que sus ex novios lo tratan de la verga.
Volteo hacia cualquier lado y siempre me responden miradas rápidas como perro callejero en puesto de tacos. No se si excitarme y seguir escribiendo o ir a pasar un buen rato. Pero en el fondo no quiero salir de aquí  por los 40 pesos que me cobraron en la entrada y la hermosa pulsera azul que me dieron como miembro de permanencia voluntaria de la casa  orines de los jotos del  corazón roto.

El hombre de la coca se fue y ahora yo voy por un cigarro.

El perro está acostado y yo estoy frente a el en el pasillo al aire libre en medio de toda la casa y me apetece un cigarro, aun que por los nervios sienta que me van a dar ganas de cagar, solo que no tan rico a comparación vato que gime como si ya casi no tuviera ano.
Estoy algo decepcionado debo admitir. Y no señor gordo, no quiero tocarsela aunque se pare frente a mi y se masturbe. Bueno... ahora ya son 2 señores gordos que me ven y mi miedo aumenta.
Y llegó la hora del baile del pueblo, pasan y pasan aventando miradas en lugar de listones dando vueltas sobre un pequeño pilar. Me recuerda al pueblo de mi padre y ya se de donde saqué lo joto. Ya no se que hacer, no me atrevo a tocarsela.
El segundo cigarro y sigo sentado en el mismo lugar, junto al mismo sidoso que solo espera a que lo vea y yo solo espero a que pase mi camión.  Estos 10 pesos en cigarros valieron la pena... creo, como creí escuchar la voz de mi amigo que venia por mi.

No hay comentarios:

Publicar un comentario